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“El miedo al folio en blanco”

Posted on: febrero 21, 2011

 

Es el mayor miedo de cualquier escritor. Situarse frente al ordenador, abrir el Word y ponerte a mirar la pantalla sin saber muy bien qué hacer con ese documento en blanco que se ha abierto ante ti.

 

Yo creo que lo he superado. No es fácil. Ha sido un proceso de varios años; de tardes perdidas con los brazos cruzados frente a mi portátil. Pero ya hoy no me ocurre. Y no me ocurre, simplemente, porque ya no me siento frente a mi ordenador si no tengo nada que decir.

 

Es el consejo más sencillo que se puede dar. Puede parecer obvio; pero no lo es. A mí me ha costado muchos años darme cuenta de esta situación. La escritura no se fuerza. No puedes pretender sentarte, encender el ordenador, abrir el procesador de textos y como si de una operación mecánica más se tratara, comenzar a crear una historia, una vida, unos personajes.

 

La escritura es un proceso vital. No te abandona durante todo el día. Si tienes una historia en la cabeza que quieres contar te acompañará en la ducha mañanera, en el viaje en autobús hasta tu lugar de trabajo, a esa reunión a la que tienes que acudir pero que no te interesa demasiado. Y en todo momento estarás dándole vueltas a la historia: es mejor comenzar así o de esa otra manera; ese personaje siente esto o lo contrario.

 

Escribir es vivir obsesionado. Vivir en la realidad pero a la vez en la ficción. Tomarte un café con tus compañeros de trabajo, una cerveza con tus amigos; pero a la vez discutir con el personaje de tu historia sobre el tema que quieres tratar en ella. Y todo al mismo tiempo. Vivir una doble realidad con una débil frontera para cruzar de una a otra. Hasta que de repente…

 

De repente lo ves claro. Sabes cómo empezar. Ese mundo desordenado que tenías en la cabeza se ha estructurado de alguna forma. Ese es el momento de sentarte frente al ordenador. Y hay que hacerlo lo antes posible. Y si no puedes, la inspiración llega sin avisar, es bueno que tomes nota en cualquier superficie sobre la que un bolígrafo funcione. Incluso en una caja de cigarrillos.

 

Esos impulsos creativos suelen ser fugaces y si los dejas pasar, tu historia perderá fuerza. Por mucho que recuerdes los elementos principales que habías pensado, dos horas después, ya no será lo mismo. Por eso, aunque sea de manera desordenada, debemos tomar notas de ese vómito creativo que de repente surge en nosotros. Tenemos que dejarnos poseer por ese impulso y, poseídos por él, deslizar el bolígrafo llenando la hoja de garabatos incoherentes, desordenados; pero que se convertirán después en la columna vertebral de nuestro relato.

 

Nosotros no sometemos a la escritura; sometemos nuestra vida a ella. Es el gran sacrificio que nos pide por dejarnos disfrutar después de todas sus satisfacciones. La satisfacción de ser creador. De crear vida sobre un papel. De crear personajes con los que dialogas y cuyas vidas se desarrollan ante ti. De disfrutar de paisajes que sólo existen en tu cabeza. De tiempos pasados y futuros.

 

Pero aún teniendo esos apuntes desordenados sobre un papel y una idea clara de cómo comenzar: no hemos superado todavía el miedo al folio en blanco. Crear vida no es fácil. Y comienzas a escribir, pero no logras plasmar en el papel ese mundo que ya habitas en tu cabeza. Y borras. Y vuelves a comenzar de distinta manera. Y lo vuelves a borrar como la vez anterior. Y un rato después, te encuentras de nuevo mirando ese documento blanco que llena la pantalla de tu ordenador.

 

El impulso creativo de antes, el que te ha llevado a emborronar un papel con cientos de palabras, ya no está. Pero no hay que rendirse. Hay que incitarlo. Hay que ponerle un cebo al que acuda voraz. Y éste es el sudor. Las musas acuden al olor del sudor. Escribe. Tan sólo eso. Escribe palabras. Déjalas fluir. Que tus dedos corran, se deslicen por el teclado. Tú ya tienes algo que contar, ahora tan sólo tienes que hacerlo. Que tu culo te duela de estar sentado. Viaja a ese mundo. Cuenta lo que ves.

 

La escritura es reelaboración. No te importe tener que borrar después. Es como debe ser. El mundo al principio era caos. Fue después cuando una fuerza inteligente lo dotó de orden. Es la tarea más dura. La que más desagrada a un escritor, porque es la más racional. Tener que darle sentido a ese mundo diverso, rechazando muchas cosas que éste ofrece, para hacerlo concreto sobre un papel.

 

Este es el secreto. La escritura, la creativa al menos, no es una tarea más que programamos dentro del día. Es una forma de vivir, sometiéndonos a ella. Y sólo cuando nos lo exija, como sus esclavos que somos, sentarnos durante horas a poner orden en ese mundo al que nos ha invitado a pasar. Pero aún así, el hombre no pierde su libertad: nosotros somos los que decidimos cuando poner el punto y final a cada historia.

Roberto San Martín

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1 Response to "“El miedo al folio en blanco”"

Hola:
El texto es original y divertido. Si es eso lo que te propusiste has sido muy eficaz. Comparto contigo que necesitarás más información para poder hablar el sábado. Alguna palabra es un poco coloquial, se podría reemplazar sin cambiar el sentido de lo que expresas.
Muy bien, felicitaciones.
Andrea

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